Este artículo puede contener trazas de spoilers de la serie y la película Sexo en Nueva York, soja y cacahuete
No me gusta Sexo en Nueva York. A pesar de que tiene todos los ingredientes que se supone que denería tener una serie para gustarme, no lo hace. Y mira que intento verla a ver si me engancho, pero no hay manera. Al final termino exasperado gritando a las cuatro protagonistas. No consigo identificarme con esas mujeres tan fantásticamente antinaturales, ni con sus ridículos problemas sentimentales o esas conversaciones acerca del amor tan artificiales y vacías. El concepto de la serie me parece una burla continua a los valores que se supone que defiende. En la película, por ejemplo, Carrie termina casada con Mr. Big después de todos los putadones éste que le ha hecho. Pero como Mr. Big le pide matrimonio poniéndole unos zapatísimos en ese armario maravilloso que hay dentro del ático más bonito de todo Nueva York, ¿cómo le va a decir que no? ¡Si es un partidazo! ¿Que la deja tirada en el altar? No pasa nada, no hay agravio que no se arregle con unos buenos Manolos. Y todos tan contentos, la mujer florero y el esposo que no necesita más que dinero para solucionar los desvaríos sentimentales de la tontorrona de su amada.